Wednesday, June 1

Recordando a ""Hello Larry!" para recuperar el control, la responsabilidad y la confianza

Era el año 1980 y con mis hermanos veíamos la serie Hello Larry. Se trataba de un locutor de radio que era padre soltero de dos hijas adolescentes. En un episodio en particular, la hija mayor se escapaba de casa para estar con un cantante de rock. Durante ese episodio, el protagonista, Larry, estaba viendo televisión mientras esperaba que su hija mayor llegase a casa. El programa que estaba viendo era un sermón de medianoche que se titulaba ¿Sabes dónde están tus hijos?
Han pasado muchos años y la pregunta mantiene su vigencia. Como padres nos corresponde saber la respuesta a esta pregunta. Ojalá que la respuesta sea “Sí”, pero la realidad es que muchos padres no saben ni dónde están sus hijos ni mucho menos en qué están.
Con demasiada frecuencia he debido conversar con papás que habían creído que sus hijos e hijas estaban respondiendo apropiadamente al grado de independencia otorgado por ellos. Al darse cuenta de que los hijos comenten errores, a veces muy graves, cuando se les han otorgado ciertas libertades, los papás reaccionan en una primera instancia quitando privilegios. El problema está en que los que otorgaron libertades no son los hijos, sino los pares. Al quitarle beneficios, los niños y jóvenes interpretan que no hay confianza. En ocasiones esa interpretación es la correcta; en otras los padres no supieron enviar el mensaje correcto.
Es muy fácil de perturbar el delicado balance entre confianza y autonomía. La mayoría de las veces ese balance se perturba a causa de un factor olvidado; hay una diferencia entre independencia y autonomía al igual que la hay entre cortar el cordón umbilical y soltarle la mano a los hijos. A los padres les corresponde tener un riguroso control acerca de lo que ocurre con sus hijos. En parte ese control significa otorgarle a los niños y jóvenes grados de injerencia en la toma de decisiones. De ese modo, la participación permite que haya férreo control, pero un control compartido.
El verano pasado mi hijo mayor pidió ir a comprar al quiosco de la esquina solo. Él tenía dinero que había ahorrado y quería comprarse algunas golosinas. Le di permiso. La tentación de seguirlo y ver si es que cruzaba la calle correctamente, entre tantas otras cosas, era inmensa. Pero la verdad es que no era necesario seguirlo. Él había demostrado muchas veces que él sabía responder en forma autónoma. La clave está en dar permiso en forma gradual, primero en un ambiente controlado, dando espacio y tiempo para actuar con pequeños pasos hacia la autonomía, y luego en ambientes que ofrecen mayores desafíos.
Los papás que se cuestionan acerca de los grados de libertad que le han dado a sus hijos frecuentemente le han soltado la mano en alguna etapa de su desarrollo. Cortar el cordón es imperativo, pero no hay que soltar la mano. Los niños y jóvenes necesitan saber que hay alguien que tiene el control. En cada etapa de su desarrollo ellos necesitan confiar en que, cuando ellos se equivocan, cuentan con una red de seguridad que los sujetará, aplicará medidas y los pondrá nuevamente en marcha. Para hacer esto es necesario saber en dónde están los hijos y en qué están.

2 comments:

tucu said...

Muy buena la reflexion, en lo personal me cuesta mucho soltarlos, tengo mucho temor a lo que pueda pasarles, lentamente e}he ido dejando que anden solos en el club que dentro de todo es un espacio "reducido", donde la gente que esta dentro debe ser miembro del mismo y hasta ahora no ha habido ningun percanse que involucre niños, pero realmente me cuesta mucho

Unknown said...

Nada fácil la tarea de empoderar a los niños para la vida. Dar espacios para el desempeño eficiente en cuanto a la autonomía se parace mucho a la imagen del halconero que entrena a su ave para la volatería. Se hace volar al halcón en círculos alrededor del halconero y cada vez el círculo se debe hacer más grande. El truco está en que el halcón no se aleje tanto como para ya no oír al halconero.
Si uno intenta cuidar a los hijos como para que nada les ocurra, lo más probable es que uno también impida que experimenten cosas buenas.